En una temporada baja donde buena parte de la conversación alrededor de los Yankees se ha concentrado en aquello que necesita cambiar, existe otra historia que merece atención: Nueva York continúa encontrando brazos fuera de los caminos tradicionales y tratando de convertirlos en piezas con valor real dentro de la organización.
J.T. Etheridge es uno de los ejemplos más interesantes.
No fue seleccionado en el Draft.
No llegó acompañado de una enorme bonificación.
No aparece todavía entre los grandes nombres que dominan las listas de prospectos.
Pero el derecho de 24 años ha comenzado a generar interés gracias a una combinación difícil de ignorar: tamaño, capacidad para ponchar, un repertorio todavía en desarrollo y una segunda mitad de 2026 que cambió completamente la dirección de su temporada.
Para los Yankees, Etheridge representa exactamente el tipo de apuesta que puede terminar produciendo valor sin necesidad de invertir una selección alta del Draft o millones de dólares.
De quedar fuera del Draft a firmar con Yankees
El camino de Etheridge hacia el béisbol profesional estuvo lejos de ser convencional.
El lanzador derecho terminó su carrera universitaria en Louisiana-Lafayette sin garantías sobre cuál sería su próximo paso.
Tenía herramientas interesantes, especialmente una recta con vida y capacidad para generar ponches, pero también había mostrado inconsistencia y problemas de control.
Durante su último año universitario ponchó a 52 bateadores en 32 entradas y dos tercios.
Sin embargo, las 20 rondas del Draft de 2024 terminaron sin que ningún equipo pronunciara su nombre.
Para muchos jugadores, ese momento representa prácticamente el final del camino profesional.
Los Yankees vieron otra cosa.
Nueva York había mantenido comunicación con Etheridge y finalmente decidió ofrecerle una oportunidad como agente libre no seleccionado.
Firmó por un bono de US$70,000.
No fue una inversión espectacular desde el punto de vista económico.
Pero precisamente ahí comienza lo interesante de esta historia.
Yankees apostó por las herramientas, no por el currículum
Etheridge mide 6 pies y 6 pulgadas y posee una estructura física que inmediatamente llama la atención en el montículo.
Su recta puede trabajar alrededor de las 93-95 millas por hora y ha alcanzado las 97.
También utiliza un sweeper en las bajas 80 millas.
El reto siempre ha estado en convertir esas herramientas en un repertorio suficientemente consistente para enfrentar bateadores profesionales.
Y ahí es donde entra el trabajo de desarrollo.
Los Yankees no firmaron a Etheridge esperando recibir inmediatamente un producto terminado.
Lo firmaron porque entendieron que existían características que podían trabajar.
Tamaño.
Extensión.
Capacidad para generar swings fallidos.
Un ángulo de lanzamiento poco convencional.
Y un brazo suficientemente vivo para justificar paciencia.
Una lesión frenó rápidamente su primer intento
El desarrollo tampoco comenzó de manera sencilla.
Después de ingresar al sistema de los Yankees, Etheridge perdió buena parte de 2025 debido a una lesión en la espalda.
La interrupción fue importante para un pitcher que necesitaba precisamente acumular innings y ganar experiencia.
Eso hizo que 2026 se convirtiera prácticamente en su primera oportunidad real de demostrar qué podía hacer durante una temporada completa.
Los resultados iniciales fueron irregulares.
Hubo ponches.
Muchos.
Pero también aparecieron bases por bolas, tráfico constante y entradas donde le resultaba difícil controlar completamente su repertorio.
El talento estaba visible.
La consistencia todavía no.
Los números generales no cuentan toda la historia
Etheridge terminó la temporada regular de 2026 con los Tampa Tarpons registrando marca de 10-3, efectividad de 5.17 y WHIP de 1.46.
A primera vista, una efectividad superior a cinco no parece la estadística de un prospecto que deba generar demasiado entusiasmo.
Pero existen otros números que modifican considerablemente la evaluación.
En 71 entradas y un tercio, Etheridge ponchó a 105 bateadores.
Su promedio de 13.3 ponches por cada nueve entradas fue el mejor entre todos los lanzadores de las ligas menores de los Yankees que trabajaron al menos 60 innings durante 2026.
Eso representa una señal importante.
No significa que esté listo para Grandes Ligas.
Tampoco elimina los problemas de comando.
Pero demuestra que sus lanzamientos tienen capacidad real para dominar bateadores.
El final de la temporada mostró una versión diferente
La parte más interesante comenzó cuando Etheridge empezó a confiar más en aquello que mejor hace.
Durante gran parte del año había atravesado problemas para atacar consistentemente la zona.
En el tramo final comenzó a utilizar su recta con mayor convicción y a trabajar con una mentalidad más agresiva.
Los resultados cambiaron.
Según los datos destacados durante su desarrollo, cerró su primera campaña completa con 22 entradas consecutivas sin permitir carreras, incluyendo la postemporada, y acumuló 30 ponches durante ese periodo.
De repente, el mismo pitcher que había pasado por momentos extremadamente difíciles comenzó a mostrar por qué los Yankees habían decidido apostar por él dos años antes.
Ese tramo no convierte automáticamente a Etheridge en una futura estrella.
Pero sí cambia la pregunta.
Ya no se trata solamente de saber si tiene suficiente talento.
Ahora se trata de determinar cuánto puede avanzar si consigue controlar ese talento.
La Arizona Fall League representa el siguiente examen
Los Yankees enviaron a Etheridge a continuar su desarrollo con los Salt River Rafters en la Arizona Fall League.
La decisión tiene sentido.
A sus 24 años necesita enfrentar bateadores más avanzados y acelerar algunas etapas de su desarrollo.
Durante sus primeras apariciones en Arizona volvió a demostrar su capacidad para generar swings fallidos.
En sus primeras tres salidas ponchó a 13 bateadores en nueve entradas y mantuvo a los rivales en promedio de .206.
Además, consiguió ponchar en cada una de esas primeras tres presentaciones a un prospecto ubicado dentro del Top 100 de MLB Pipeline.
Posteriormente aparecieron también dificultades, particularmente con las bases por bolas.
Eso confirma que Etheridge continúa siendo un proyecto en desarrollo y no un producto terminado.
El tercer lanzamiento puede determinar su futuro
Uno de los aspectos que los Yankees están trabajando es la necesidad de ofrecerle una tercera opción confiable.
Etheridge ha dependido principalmente de su recta y su sweeper.
Eso puede funcionar en niveles bajos.
Pero a medida que un lanzador avanza dentro del sistema, los bateadores tienen mayor capacidad para reconocer patrones y esperar determinados lanzamientos.
Durante la Arizona Fall League comenzó a trabajar con una variante de splitter como alternativa a un cambio que anteriormente había sido inconsistente.
La idea es sencilla.
Necesita un lanzamiento que los bateadores, tanto derechos como zurdos, tengan que respetar además de la recta y el rompiente.
Si consigue desarrollar esa tercera arma, su techo puede aumentar considerablemente.
El comando sigue siendo la gran pregunta
Si existe un aspecto que determinará hasta dónde puede llegar Etheridge, es su capacidad para lanzar strikes consistentemente.
Los ponches llaman la atención.
La recta tiene características interesantes.
El tamaño ayuda a crear ángulos incómodos.
Pero ninguno de esos elementos puede compensar permanentemente un exceso de bases por bolas.
Los bateadores de niveles superiores castigan cualquier problema de comando con mucha mayor frecuencia.
Por eso el siguiente paso no consiste necesariamente en buscar más velocidad.
Consiste en aprovechar mejor la que ya tiene.
Atacar temprano.
Llegar primero a dos strikes.
Obligar al bateador a defender la zona.
Y utilizar sus lanzamientos secundarios desde una posición de ventaja.
Etheridge muestra otra parte del trabajo de Yankees
Durante los últimos meses los Yankees han recibido críticas por diferentes razones.
Construcción del roster.
Errores fundamentales.
Decisiones ofensivas.
Resultados en octubre.
Cultura.
Responsabilidad interna.
Muchas de esas conversaciones son legítimas.
Pero evaluar correctamente una organización también obliga a reconocer las áreas donde existen resultados positivos.
El desarrollo de pitcheo continúa siendo una de ellas.
Y Etheridge representa precisamente el tipo de jugador que ayuda a demostrarlo.
No todos los brazos importantes llegan como grandes prospectos
El valor de un sistema de desarrollo no consiste únicamente en convertir una selección de primera ronda en jugador de Grandes Ligas.
Eso es importante.
Pero existe otra parte del trabajo que muchas veces pasa desapercibida.
Encontrar talento donde otros equipos no lo encontraron.
Firmar un agente libre no seleccionado.
Detectar una característica especial.
Modificar un repertorio.
Ayudar a un pitcher a entender cómo utilizar mejor sus lanzamientos.
Y eventualmente convertir una inversión pequeña en profundidad para la organización.
Los Yankees han conseguido valor de ese proceso con diferentes brazos durante los últimos años.
Etheridge intenta convertirse en otro.
Su futuro todavía está lejos de estar definido
También es importante mantener las expectativas bajo control.
Etheridge tiene 24 años y todavía no ha lanzado por encima de Clase A.
Su comando continúa necesitando trabajo.
La efectividad general de su primera temporada completa demuestra que todavía existen aspectos importantes que corregir.
Y una buena racha de varias aperturas no garantiza que un pitcher vaya a llegar a Yankee Stadium.
El próximo paso debería llevarlo hacia un nivel más exigente dentro del sistema.
Ahí comenzaremos a saber mucho más.
Si los ponches continúan apareciendo.
Si disminuyen las bases por bolas.
Si el tercer lanzamiento se consolida.
Y si puede mantener su repertorio durante cinco o seis entradas contra bateadores más avanzados.
Los Yankistas: aquí está una de las fortalezas que Yankees debe proteger
Desde la perspectiva de Los Yankistas, esta historia merece atención precisamente porque no estamos hablando todavía de una estrella.
Estamos hablando del proceso.
Los Yankees encontraron un lanzador que ningún equipo seleccionó en 20 rondas del Draft.
Lo firmaron por US$70,000.
Tuvieron paciencia después de una lesión.
Trabajaron con sus herramientas.
Y dos años después tienen un brazo que lideró su sistema de ligas menores en tasa de ponches entre pitchers con una carga significativa de innings.
Eso tiene valor.
Puede que Etheridge termine siendo abridor.
Puede que su repertorio finalmente encaje mejor en el bullpen.
Puede convertirse en una pieza para un intercambio.
O puede que nunca llegue a establecerse en Grandes Ligas.
El desarrollo de prospectos funciona así.
Lo importante es que una inversión mínima ya se convirtió en un jugador suficientemente interesante como para seguir observándolo.
2027 puede ser el año que defina su verdadero lugar en el sistema
La próxima temporada será especialmente importante para Etheridge.
Ya demostró que puede ponchar bateadores de Clase A.
Ya atravesó una primera campaña completa.
Ya experimentó un periodo de dominio.
Y ya está enfrentando talento superior en Arizona.
Ahora tiene que demostrar que puede repetirlo en niveles más altos.
El talento está ahí.
La capacidad de generar swings fallidos también.
La gran pregunta seguirá siendo el comando.
Si consigue dar ese paso, J.T. Etheridge puede comenzar a subir rápidamente dentro de una organización donde el desarrollo de lanzadores continúa produciendo historias interesantes.
Mientras los Yankees trabajan durante este invierno para corregir lo que salió mal en 2026, también necesitan proteger y continuar fortaleciendo aquello que sí están haciendo bien.
Encontrar y desarrollar brazos como Etheridge pertenece a esa segunda categoría.
